A veces me sorprendo de lo contenta que estoy un día que aparentemente no ha dado razones para alegrarme. Sin embargo, si te me paro a pensar, realmente hay mil cosas que pueden parecer insignificantes, pero que permanecen en algún rinconcito de nuestra cabecita, para inconscientemente recordarnos que tenemos motivos para ser felices.
Ir por la calle y ver una pareja de viejecitos que van de la mano, ver a alguien en el autobús que le cede el sitio a otro que lo necesita más, la sonrisa de un niño pequeño, un abrazo inesperado de alguien cercano, un piropo de alguien que no suele piropearte, encontrarte algo a lo que le tienes cariño que tenías perdido, que alguien te agradezca de verdad algo que has hecho por él, comprar un billete de avión para ir a alguna parte, un comentario simpático en tu tablón, un te echo de menos, un te quiero…
Seguro que hay mil y una razones al día para ser felices, solo tenemos que pensar en ello y… ¡¡tachán!! Al fin y al cabo ser felices es cuestión de instantes diminutos.

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